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DE COMO LA CARTOGRAFÍA CATASTRAL, UTILIZADA COMO REGISTRO DE PROPIETARIOS, TERMINA POR DEFRAUDARTE

Hace unos meses tuve la oportunidad de colaborar, como asistencia técnica, con una empresa de ingeniería. El trabajo consistía en el replanteo sobre terreno de las diferentes posibilidades de trazado para una red de saneamiento, donde sería necesario comprobar las pendientes del terreno para asegurar, someramente, la circulación por gravedad.

Al margen de los problemas derivados de los largos plazos de trabajo de este tipo de proyectos, por depender de presupuestos municipales, que pueden convertir una zona de nucleo rural en una suerte de urbanización de viviendas unifamiliares sin atisbo de aquella atribuida ruralidad, o de las desventajas evidentes de trabajar desde la oficina trazando las alternativas sobre ortofotografías de hace cinco o diez años, que no permiten ver la pendiente real del terreno, el mayor de los problemas era el derivado de la parcelación, ya que aún en el mejor de los momentos, nunca hubiera sido correcta en todas partes.

Pero, ¿Por qué? Fácil, porque la única fuente de parcelario (aparente) de nuestro país es la que se obtiene de la Dirección General del Catastro y aunque, por ser un trabajo municipal, se disponía de un listado de titulares, esto no era suficiente. No es por restar merito al tremendo trabajo de la DGC pero es que la final, el Catastro en nuestro país, es una herramienta meramente estadística y fiscal. Es decir, lo que a nadie se le ocurre es correr el Tour de Francia en bicicleta de montaña… salvo que, como en este caso, no quede más remedio.

Por un lado, porque el titular catastral no es necesariamente el propietario efectivo de la finca, por lo que una vez en campo debía confiarse en la suerte para que ese titular catastral, con el que se contactaba previamente, fuese tambien el propietario (o al menos quien ostentase la titularidad de la vara que podía sacarnos de allí a garrotazos).

Y por otro, porque cuando lo que pretendes es definir el trazado de una conducción subterránea lineal, de no mas de dos metros de ancho y sin proceso expropiatorio, sino por cesión de los propietarios, lo lógico y menos gravoso es tender a trazar la línea lo más próxima posible a los linderos de las parcelas.

Es decir, el Señor “condiciones del proyecto” y la Señora “información disponible” estaban cada una en una esquina del sofa porque habían llegado a la conclusión de que no era posible entenderse.

Así pues, todo junto se convertía en una mezcla explosiva que llevaba a encontrarse con casos tan ridículos como propietarios desconocidos que terminaban siendo el titular colindante porque la finca no debería estar separada en el parcelario, linderos que no pasaban realmente por donde la cartografía describía, invasiones de fincas no consideradas en el proyecto y cualquier otra cosa que se te ocurra derivada de la imprecisa distribución de las parcelas.

DE LAS PERIPECIAS PARA DEMOSTRAR LA PROPIEDAD DE UN INMUEBLE

Esto que te cuento llegó a GRAVITAS allá por el año 2012. En su momento no fue más que un caso anecdótico (y complicado) con una resolución satisfactoria. Pero ahora, con el lanzamiento de la Asociación Española de Geómetras Expertos (AEGEX), gana protagonismo como ejemplo de hasta donde puede llegar la complejidad, más allá incluso del estudio técnico-jurídico, de la investigación de la propiedad de una finca.

La parcela catastral esta en Langreo, donde he pasado toda mi vida hasta hace unos meses, por lo que esto podría parecer un factor que facilitase la labor (y, de hecho, así termino siéndolo).

El caso es que, cuando el cliente llegó a mi, traía debajo del brazo varios documentos y una problemática. La problemática era que había heredado, junto con sus hermanos, una finca. Los papeles registrales estaban en orden, sin embargo, al revisar los recibos del IBI se dieron cuenta de que llevaban los últimos cinco años pagando los impuestos de la parcela colindante (ambas eran parcelas de urbana). Esto no hubiera tenido mayor recorrido que una simple subsanación de discrepancias si no fuese porque la raíz de su tormento era que el IBI correspondiente a su parcela lo estaba pagando el ayuntamiento, ya que Catastro había decidido incluir su finca en la cartografía de una parcela de titularidad municipal y claro, como el ayuntamiento se entere antes de que lo subsanemos, lo mismo les reclamaba el IBI de urbana de los últimos cinco años.

En esta línea, mi cliente había acudido al ayuntamiento y, desde este, se había emitido un documento donde se reconocía que el trozo de terreno en cuestión, no era de titularidad municipal… Pero claro, como bien se encargó de señalar Catastro, que la parcela no sea del ayuntamiento no implica directamente que fuese de mi cliente.

Así que mi cliente tenía un documento registral que había que encajar con esa parcela catastral en dos formas: primera, demostrar que no solo la titularidad no es municipal, sino que era de mi cliente; segundo, hacer ver que la titularidad que se consiguiese demostrar, se correspondía geográficamente con esa parcela.

Ambas líneas iban ligadas, no de forma directa, sino más bien en un ten con ten de “una no prosperará si no sale adelante la otra”, ya que ambas debían partir de la descripción registral. Y la descripción registral era la siguiente:

RÚSTICA. Finca dedicada a prado, llamada “MOLÍN DE LICOS DE ABAJO”, sita en el lugar de Molín de Licos, La Felguera, concejo de Langreo de una cabida aproximada de novecientos metros cuadrados, poco más o menos, y que linda: al NORTE, NOMBRE APELLIDO APELLIDO; ESTE, presa de la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera; SUR, bienes de herederos de NOMBRE APELLIDO; y OESTE, camino público.

Dos de los lindantes (NORTE y SUR) eran los sempiternos nombres propios, que pueden resolverse mediante un estudio sociológico de la zona, si esta no ha sufrido muchos cambios en los últimos años. Sin embargo, como la media de edad para resolver por esta vía suele estar en la “octogenia”, siempre resulta más útil dejarla como última opción.

Por otro de los lados, la finca linda con camino público, lo cual, como comprenderás, no da demasiadas pistas.

No queda más opción, entonces, que lanzarse a la desesperada a por el lindero sobrante (ESTE) y el lugar donde esta situada.

Una vez en campo, como no puede ser de otra manera, se observaba claramente que en el lindero ESTE de la finca no había ni presa ni nada que mínimamente se le parezca; tan solo un descampado de unos 200 metros cuadrados. No había tampoco opción a error en la interpretación de los puntos cardinales: en el lindero opuesto había, efectivamente, un camino público.

Respecto a la designación de Molín de Licos… Bueno, pues para complicar más las cosas, esa zona es conocida ahora como Molín del Sutu (era capaz de imaginarme al técnico de Catastro leyendo el informe y pensando que se la quiero colar).

¿Final del camino? Ni mucho menos.

Tenía constancia de la existencia de varios molinos en la zona, uno de ellos llamado, efectivamente, Molín del Sutu; y otro, menos conocido, con el nombre de Molín de Licos. Si esperas que en este momento te describa como se veían a la legua las figuras de dos molinos con sus aspas al viento es que no conoces mucho la orografía asturiana. Aunque aquí haya viento de vez en cuando, nada comparado con el poder del agua y sus ríos (o riachuelos, en este caso), por lo que los molinos, por ser de agua, no se recortaban sobre el horizonte. En realidad no se recortaba ni poco ni mucho, porque el último de ellos fue derruido en la década de los 70.

Decidido a resolver el misterio acudí al archivo municipal, donde una archivista excepcional consiguió resolver, en parte, el misterio de una forma que aún hoy sigue sorprendiéndome: Encontró una referencia a ese “Molín de Licos” en el pie de página de un libro publicado en 1983 (si mal no recuerdo) donde venía definida su situación perfectamente (o todo lo perfectamente que se puede hacer con un callejero que ha sufrido varias modificaciones por la Ley de Memoria Histórica y por el desarrollo urbano que tuvo esa zona).

La opción paralela a esta fue acudir al registro de cartografía de la empresa Duro Felguera, propietaria de la presa citada, para consultar sus fondos documentales. ¿Esperanzas puestas en esto? Ninguna: allí no había presa que valiese y las empresas suelen ser celosas de su cartografía. Quizás por esto mi sorpresa fue mayúscula cuando me recibieron y me mostraron la “Cartografía de la presa del Molín de Licos”:

Sobre la mesa del técnico se extendía una hoja recién impresa. En la copia escaneada de un plano dibujado a mano, de esos que ya no quedan, aparecía el mismo parcelario actual, ya que las fincas habían sido vendidas a sus propietarios (el abuelo de mi cliente) en los años 40. Sobre dichas parcelas aparecían, con exquisita caligrafía, el nombre del comprador, así como el del colindante (coincidente con el colindante registral). En la parte ESTE de la zona aparecía representada una pequeña presa de menos de un metro cuadrado que daba servicio a las instalaciones cercanas y, como colofón, en la parte inferior de la hoja y al otro lado del camino público, justo enfrente de la finca, aparecía un edificio sobre el que rezaba la leyenda MOLÍN DE LICOS.

Y así fue como de vuelta a la oficina y mientras daba por zanjado en asunto en mi mente, una cartografía de obra de una empresa privada resultaba ser la solución incontestable a un asunto para el que, casi un año después, una escueta carta de Catastro haría oficial la confirmación del cambio de titularidad.

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